En Chile, miles de trabajadores y trabajadoras se desempeñan en faenas que superan los 3.000 metros de altitud, condición que, según la normativa vigente, puede exponerlos a la llamada hipobaria intermitente crónica. Esta situación ocurre cuando personas que viven a nivel del mar cumplen turnos en gran altura, enfrentando una menor disponibilidad de oxígeno en el aire y, en consecuencia, en los tejidos. El riesgo laboral está reconocido desde 2012 en el Decreto Supremo N°28 del Ministerio de Salud, acompañado por una guía técnica específica.
De acuerdo con el doctor Gonzalo Blanco, director médico técnico de Workmed, esta reducción de oxígeno no solo disminuye la oxigenación del organismo, sino que también activa mecanismos fisiopatológicos que afectan al sistema cardiovascular. “La hipoxia genera estrés oxidativo, lo que con el tiempo daña el endotelio de los vasos sanguíneos y facilita la formación de placas que pueden obstruirlos. Además, promueve procesos inflamatorios y resistencia vascular, que podrían derivar en hipertensión pulmonar o favorecer cuadros de isquemia e infarto”, explicó.
El impacto de la hipoxia, según el especialista, puede ser mayor en personas con condiciones metabólicas o cardiovasculares previas, como obesidad, hipertensión, diabetes o dislipidemias. El control de peso, el monitoreo de la presión arterial y la detección temprana de alteraciones metabólicas se plantean como medidas preventivas relevantes en este escenario.
El marco regulatorio chileno establece exámenes médicos periódicos para quienes trabajan en estas condiciones: evaluación pre-ocupacional antes de la primera exposición y controles sucesivos cada tres años en menores de 40 años, cada dos entre 40 y 54, y anualmente desde los 55 años. Además, la normativa contempla vigilancia continua por parte de los organismos administradores de la Ley 16.744. No obstante, el Dr. Blanco remarcó que la prevención no debe limitarse a cumplir con la exigencia normativa, sino extenderse a un monitoreo integral de la salud.
En cuanto a las medidas de autocuidado, el especialista destacó la importancia de hábitos sostenibles: mantener un peso adecuado, alimentación equilibrada, hidratación suficiente, descanso, ejercicio regular y manejo del estrés. “La norma incluso acepta a trabajadores con obesidad (IMC entre 30 y 34,9), pero lo ideal es que cada persona se mantenga en el mejor estado de salud posible, con cifras normales de presión arterial, glicemia y perfil lipídico. El tratamiento oportuno, ya sea farmacológico o no, es la mejor forma de evitar complicaciones”, señaló.
En el contexto del Mes del Corazón, la advertencia es clara: trabajar en condiciones de baja oxigenación no genera necesariamente una enfermedad cardiovascular, pero sí puede agravar condiciones preexistentes y precipitar complicaciones si no se aplican controles y cuidados adecuados.
