En el contexto de una crisis hídrica prolongada que afecta a diversas regiones del país, la recarga artificial de acuíferos con agua desalada se plantea como una solución técnica de alto potencial para fortalecer la seguridad hídrica en el mediano y largo plazo. La posibilidad de infiltrar agua desalinizada, habilitada normativamente por la Dirección General de Aguas (DGA), representa un avance sustancial frente a las restricciones que históricamente han limitado esta práctica a fuentes superficiales.
Actualmente, Chile cuenta con 23 plantas desalinizadoras operativas y al menos 12 nuevos proyectos en desarrollo. La integración de esta infraestructura con sistemas de recarga subterránea permitiría utilizar los acuíferos como reservorios estratégicos, asegurando el abastecimiento en épocas de mayor demanda o escasez. Esta opción, catalogada como “necesaria” por especialistas del sector, permitiría transformar la matriz de gestión hídrica del país.
Existen antecedentes concretos que respaldan la viabilidad de esta propuesta. Aguas Andinas, por ejemplo, desarrolla un proyecto en el acuífero Mapocho Alto con el objetivo de almacenar volúmenes equivalentes al consumo mensual de agua potable de 47 mil hogares. A su vez, la Sociedad de Canalistas del Maipo llevó a cabo un piloto entre 2016 y 2017 en la cuenca de Santiago, sentando las bases para su aplicación a mayor escala.
Sin embargo, persisten barreras normativas y administrativas que ralentizan su masificación. La excesiva tramitación se ha identificado como el principal obstáculo, motivo por el cual se plantea la necesidad de simplificar los procesos de aprobación y ejecución de estos proyectos. En paralelo, se advierte sobre el potencial de optimizar recursos mediante tecnologías de monitoreo inteligente y la reutilización de infraestructuras existentes.
Finalmente, se plantea que iniciativas como la generación de agua desalada mediante energía undimotriz, a partir del movimiento de las olas, podrían potenciar aún más la eficiencia de los sistemas de recarga, disminuyendo la dependencia de grandes plantas industriales. En un escenario de creciente estrés hídrico, la planificación e implementación de estrategias subterráneas sostenibles aparece como una acción prioritaria para reforzar la resiliencia hídrica del país.
