La institucionalidad ambiental dio luz verde a la construcción de una megaplanta desaladora en la Región de Antofagasta, la cual contempla una inversión cercana a los 5.000 millones de dólares. El proyecto busca hacer frente a la severa crisis hídrica que afecta a la zona norte del país, garantizando el suministro para diversos usos industriales y productivos.
La iniciativa destaca por su magnitud técnica, proyectando una capacidad de producción de hasta 700.000 metros cúbicos de agua desalinizada por día. Esta infraestructura se posiciona como una de las más grandes de su tipo en el país y en Sudamérica, marcando un precedente en la escala de soluciones tecnológicas para la escasez de agua.
El diseño del proyecto incluye no solo la planta de tratamiento, sino también un robusto sistema de acueductos para transportar el recurso desde la costa hacia el interior. Según los antecedentes del estudio de impacto ambiental, la obra fue aprobada tras un extenso proceso de evaluación que analizó la succión de agua de mar y la descarga de salmuera.
Desde los sectores productivos regionales señalaron que esta inversión es estratégica para dar viabilidad a nuevos proyectos mineros y energéticos en el desierto de Atacama. La disponibilidad de agua de origen marino permite liberar fuentes de agua dulce y superficial, contribuyendo teóricamente a la recuperación de cuencas y acuíferos sobreexplotados.
Pese a la aprobación, organizaciones socioambientales de la zona mantienen su atención sobre el impacto que la infraestructura podría tener en los ecosistemas marinos locales. Las autoridades regionales, por su parte, enfatizaron que el cumplimiento de las medidas de mitigación y monitoreo será clave para asegurar que el proyecto conviva de manera sostenible con el entorno costero de Antofagasta.
